Entrenamiento de fuerza y longevidad: el estudio de 30 años que fija cuánto entrenar

Mujer de mediana edad haciendo entrenamiento de fuerza con mancuernas en casa, ejemplo de entrenamiento de fuerza y longevidad

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¿Cuánto entrenamiento de fuerza hace falta para notar un beneficio real en la esperanza de vida? Hasta ahora la respuesta se apoyaba en estudios cortos o en encuestas de un solo momento. Un nuevo análisis publicado en el British Journal of Sports Medicine, con datos de casi 150.000 personas seguidas durante hasta 30 años, acaba de poner cifras concretas encima de la mesa: hay una cantidad de entrenamiento de fuerza a partir de la cual el riesgo de morir por cualquier causa baja de forma clara, y por encima de ella el beneficio deja de crecer.

El equipo, liderado por investigadores de la Harvard T.H. Chan School of Public Health, ha combinado tres grandes cohortes estadounidenses (el Health Professionals Follow-up Study y las dos Nurses’ Health Study) para responder algo que ningún estudio previo de este tamaño había medido bien: la relación dosis-respuesta entre el trabajo de fuerza y la mortalidad, y cómo se combina con el ejercicio aeróbico.

Un seguimiento de 30 años a más de 147.000 personas

Los investigadores analizaron a 147.374 participantes (31.540 hombres y 115.834 mujeres) que fueron respondiendo cada dos años a cuestionarios validados sobre cuánto tiempo dedicaban al entrenamiento de fuerza y al ejercicio aeróbico. Durante el periodo de seguimiento, que en algunos casos llegó a las tres décadas, se registraron 35.798 muertes.

Con modelos de riesgo proporcional de Cox, el equipo pudo aislar el efecto del entrenamiento de fuerza ajustando por la actividad aeróbica de cada persona, algo que estudios anteriores, más pequeños o transversales, no habían logrado hacer con esta solidez.

El punto exacto donde el entrenamiento de fuerza y la longevidad se cruzan

El hallazgo central es un umbral bastante alcanzable. Comparado con no hacer ningún entrenamiento de fuerza, dedicarle entre 90 y 119 minutos a la semana se asoció a:

  • Un 13% menos de riesgo de muerte por cualquier causa
  • Un 19% menos de riesgo de mortalidad cardiovascular
  • Un 27% menos de riesgo de mortalidad por enfermedad neurológica (principalmente demencia)

Aquí está el matiz que más llama la atención: por encima de 120 minutos semanales, el beneficio adicional prácticamente desaparece. No es que entrenar más perjudique, es que la curva se aplana. Para quien entrena fuerza pensando en la salud a largo plazo (y no en rendimiento deportivo), esto es una buena noticia: no hace falta vivir en el gimnasio para captar la mayor parte del beneficio.

El caso del cáncer es distinto y merece explicarse aparte, porque el patrón no es lineal. La reducción de mortalidad por cáncer solo apareció en los tramos más bajos: un 9% menos de riesgo con 1-29 minutos semanales y un 12% menos con 30-59 minutos. A partir de ahí, el beneficio específico frente al cáncer no siguió creciendo, algo que los propios autores señalan como un hallazgo que necesita más investigación para entenderse del todo.

Fuerza más cardio: la combinación que más reduce el riesgo

El dato más contundente del estudio no es el del entrenamiento de fuerza aislado, sino el de la combinación. Frente a quienes no hacían ni actividad aeróbica suficiente ni fuerza, las personas que llegaban a 30-45 MET-horas semanales de ejercicio aeróbico junto con 60-119 minutos de fuerza redujeron su riesgo de muerte en un 45% (razón de riesgo de 0,55).

Curiosamente, quienes alcanzaban un volumen alto de actividad aeróbica (45 MET-horas/semana o más) obtenían un riesgo igual de bajo con independencia de si además hacían fuerza o no. Eso no significa que la fuerza sea prescindible: para la inmensa mayoría de personas, que no llegan ni de lejos a ese volumen de cardio tan exigente, sumar entrenamiento de fuerza a un cardio moderado es la vía más realista para acercarse a esa reducción de riesgo del 45%.

Como referencia práctica, la Organización Mundial de la Salud recomienda desde hace años al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada más trabajo de fuerza de todos los grupos musculares principales dos o más días por semana. Este estudio no cambia esa recomendación: la afina, mostrando dónde está exactamente el punto de mayor retorno.

Qué significa esto si entrenas (o si aún no has empezado)

Si ya entrenas fuerza dos o tres veces por semana con sesiones de 30-40 minutos, probablemente ya estás dentro o cerca del rango que este estudio asocia con el mayor beneficio. No hace falta añadir más volumen pensando que «más es mejor»: según estos datos, no lo es, al menos para la mortalidad por todas las causas.

Si todavía no entrenas fuerza, el mensaje es más sencillo de lo que parece: dos sesiones semanales de 45-60 minutos, trabajando piernas, espalda, pecho y core con cargas que sientas exigentes hacia el final de cada serie, ya te sitúan en el tramo donde el estudio encuentra los mayores beneficios. No se necesita levantar cargas máximas ni entrenar como un culturista, sino ser constante.

Para quien ya combina ambos tipos de ejercicio, este trabajo confirma algo que en nuestro repaso sobre cuánto ejercicio hay que hacer a la semana ya apuntábamos: la fuerza y el cardio no compiten entre sí, se potencian. Dejar de lado uno de los dos deja beneficio sobre la mesa.

Conviene recordar, como señalan los propios autores, que se trata de un estudio observacional: no puede demostrar causalidad al cien por cien, y el ejercicio se midió por cuestionario autoinformado, no con dispositivos objetivos. Aun así, el tamaño de la muestra, los 30 años de seguimiento y la repetición de la medición cada dos años lo convierten en una de las piezas de evidencia más sólidas publicadas hasta ahora sobre este tema.

Hombre mayor entrenando fuerza con kettlebell al aire libre mientras otra persona corre de fondo, combinando fuerza y cardio para la longevidad

Preguntas frecuentes sobre entrenamiento de fuerza y longevidad

¿Cuántos minutos de entrenamiento de fuerza a la semana son suficientes?

Según este estudio, entre 90 y 120 minutos semanales (por ejemplo, dos o tres sesiones de 30-45 minutos) captan la mayor parte del beneficio sobre la mortalidad. Entrenar más no aportó una reducción de riesgo adicional en este análisis.

¿Es mejor hacer fuerza o cardio para vivir más años?

Ninguno sustituye al otro. El menor riesgo de muerte se observó en quienes combinaban un volumen alto de ejercicio aeróbico con entrenamiento de fuerza regular, con reducciones de hasta el 45% frente a no hacer ninguno de los dos.

¿A partir de qué edad tiene sentido empezar a entrenar fuerza?

El estudio incluyó a adultos seguidos desde la edad adulta joven hasta edades avanzadas, y el patrón de beneficio se mantuvo a lo largo del tiempo. No hay una edad límite para empezar: lo relevante es la constancia, no el punto de partida.

Este artículo tiene fines informativos y no sustituye la valoración de un profesional sanitario o un entrenador cualificado, especialmente si tienes alguna lesión, patología cardiovascular o llevas mucho tiempo sin entrenar.

La constancia, no el volumen, es lo que marca la diferencia

El dato que se puede llevar cualquiera de este estudio es sencillo: no hace falta perseguir un volumen enorme de entrenamiento de fuerza para proteger el corazón, el cerebro y, en última instancia, la esperanza de vida. Dos o tres sesiones semanales bien hechas, mantenidas durante años, pesan más que cualquier pico puntual de entrenamiento. En HealthyBodyChamp seguiremos de cerca los estudios que vayan afinando estas cifras, porque son precisamente el tipo de evidencia que ayuda a entrenar con cabeza y no solo con ganas.

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