Entrenamiento de fuerza en hombres y mujeres: el resultado cambia según cómo se mida

Barra y discos sin marca para entrenamiento de fuerza en hombres y mujeres
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El entrenamiento de fuerza en hombres y mujeres no ofrece una respuesta tan simple como «quién mejora más». Un estudio publicado el 30 de septiembre en Journal of Strength and Conditioning Research siguió durante 12 semanas a personas que ya entrenaban y llegó a una conclusión bastante útil para interpretar resultados: el desenlace cambia cuando se expresa la mejora en porcentaje, en kilos o tras ajustar el nivel de partida. No es un truco estadístico menor. Puede cambiar por completo el titular que hacemos de la misma sesión de pesas.

La investigación no propone una rutina distinta para cada sexo ni permite predecir el resultado individual de nadie. Lo que sí muestra es que comparar progresos sin explicar la métrica puede llevar a una lectura incompleta. Para quien registra sus entrenamientos, es una buena razón para mirar más de un indicador y no reducir todo a una cifra aislada.

Qué hizo el estudio durante 12 semanas

El equipo de Dublin City University trabajó con 41 personas físicamente activas que ya acumulaban más de un año de experiencia en entrenamiento de resistencia: 22 participantes masculinos y 19 femeninas. Todos completaron dos sesiones semanales supervisadas, progresivas y periodizadas durante 12 semanas. Se evaluaron el 1RM en press de banca y peso muerto con barra hexagonal, además del grosor muscular del bíceps braquial y del vasto lateral mediante ecografía.

La parte especialmente interesante no fue solo el programa. Los autores analizaron el cambio de tres formas: como ganancia relativa o porcentual, como ganancia absoluta y ajustando el resultado por las diferencias basales. La ficha del estudio en PubMed permite comprobar el diseño, la muestra y las estimaciones completas.

Los mismos datos dieron respuestas distintas

En los dos grupos aumentó el grosor de bíceps, alrededor de un 14 %, y de vasto lateral, cerca de un 10 %. No aparecieron diferencias estadísticamente significativas entre grupos para esas medidas de grosor muscular. Es decir, este trabajo no respalda presentar a un grupo como claramente superior en hipertrofia tras este programa concreto.

En el press de banca, la ganancia porcentual fue mayor en las participantes femeninas: 32,8 % frente a 19,9 % en los participantes masculinos. Sin embargo, esa diferencia dejó de ser significativa al mirar el incremento absoluto. Con el peso muerto con barra hexagonal sucedió lo contrario: el aumento absoluto fue mayor en los hombres, 29,4 kg frente a 14,4 kg, pero la diferencia no se mantuvo al expresarla de forma relativa.

Eso no significa que una métrica sea «la verdadera» y las demás no sirvan. Cada una responde a una pregunta distinta. Los kilos añadidos describen una carga externa real; el porcentaje ayuda a situar el cambio respecto al punto de partida; y el ajuste estadístico intenta separar la adaptación de las diferencias que ya existían antes de comenzar.

Mancuernas sin marca y cuaderno para entrenamiento de fuerza en hombres y mujeres
Imagen ilustrativa generada con IA; no representa a participantes, ejercicios ni el protocolo del estudio.

Por qué no conviene convertirlo en una competición entre sexos

El titular fácil sería afirmar que uno de los grupos «responde mejor» al entrenamiento. El propio diseño no permite una conclusión tan amplia. La muestra era pequeña, ya entrenaba antes de entrar en el estudio y siguió un único programa de 12 semanas. Tampoco sirve para estimar qué ocurrirá en personas principiantes, mayores, con lesiones, con otra frecuencia semanal o con objetivos deportivos distintos.

Además, el estudio compara medias de grupo, no destinos individuales. Dos personas que parten de experiencias, técnicas, sueño, alimentación, cargas previas y adherencia diferentes pueden progresar de manera muy distinta aunque compartan sexo y rutina. En lugar de usar el resultado para fijar expectativas rígidas, resulta más sensato emplearlo para mejorar cómo leemos las comparaciones.

Qué aporta a quien entrena fuerza

Para seguir la progresión propia, anotar solo el peso de la barra se queda corto, aunque siga siendo útil. Combinar cargas, repeticiones a una técnica consistente, percepción de esfuerzo y, cuando procede, cambios porcentuales aporta una fotografía más honesta. No hace falta perseguir la comparación con otra persona para que el registro tenga valor.

La idea encaja con otro ensayo reciente de fuerza con futbolistas jóvenes: el resultado depende del contexto, la población y la prueba utilizada. También conviene no confundir la mejora de un marcador de fuerza con resultados de salud a largo plazo, una distinción relevante al leer estudios sobre fuerza y longevidad.

La conclusión: explicar la medida es parte del resultado

Este nuevo estudio no resuelve quién «gana» el entrenamiento de fuerza. Más bien recuerda que la pregunta está mal planteada si no dice qué se ha medido y desde dónde se parte. En entrenamiento de fuerza en hombres y mujeres, una mejora porcentual, una mejora absoluta y un resultado ajustado pueden contar historias diferentes del mismo proceso. Para lectores y entrenadores, el detalle no es secundario: es la clave para no sacar conclusiones que los datos no sostienen.

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