La sed durante el ejercicio con calor aumenta el malestar, pero no empeoró la atención en un ensayo pequeño

Ciclista sin identificar junto a una botella sin marca para ilustrar la sed durante el ejercicio con calor
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La sed durante el ejercicio con calor no es exactamente lo mismo que estar deshidratado. Un ensayo publicado el 10 de septiembre de 2026 quiso separar ambas cosas en 12 hombres que pedalearon 90 minutos en una sala a 35 °C, antes de completar una contrarreloj de 12 km. La conclusión tiene matices: cuando los participantes mantuvieron más sed, percibieron más esfuerzo térmico y más dificultad para concentrarse, aunque una prueba de atención ejecutiva no mostró diferencias. Es una pista interesante para quienes entrenan con altas temperaturas, pero no una pauta universal de hidratación ni una razón para beber por encima de la necesidad.

El trabajo, publicado en Nutrition and Health, comparó una estrategia de agua por boca con otra de suero salino intravenoso. Es un diseño poco parecido a una sesión normal, precisamente porque buscaba aislar la sensación de sed de los cambios de hidratación. Puedes consultar el resumen y los datos bibliográficos del estudio en su ficha original de PubMed.

Qué probaron los investigadores

Los 12 participantes realizaron dos pruebas en condiciones controladas: 90 minutos de ciclismo al 55% de su consumo máximo de oxígeno, con 35 °C y 30% de humedad relativa, seguidos de una contrarreloj de 12 km. En una sesión bebían 25 ml de agua cada cinco minutos. En la otra recibían el mismo volumen de solución salina isotónica por vía intravenosa. Así, los autores podían reducir la sensación de agua en la boca sin dejar que una gran diferencia de líquido corporal explicase los resultados.

La variable que cambió de forma clara fue la sed. A partir de los 15 minutos, la condición con infusión intravenosa registró más sed y esa diferencia se mantuvo durante el pedaleo y la contrarreloj. Al final de cada prueba, el peso corporal y la densidad urinaria no fueron significativamente distintos. Ese detalle es el núcleo del experimento: intentaba comprobar qué aporta la sed, por sí misma, a la experiencia de entrenar con calor.

Más malestar percibido, no peor resultado en la prueba cognitiva

Con más sed, los ciclistas puntuaron más alto el descenso percibido de su rendimiento, la dificultad para concentrarse y la carga térmica subjetiva. La puntuación total del cuestionario de síntomas ambientales fue de 27,3 frente a 24,8 puntos, respectivamente. No obstante, una tarea tipo flanker, utilizada para valorar atención ejecutiva, no detectó diferencias significativas entre condiciones. Tampoco las hubo en el cuestionario de estado de ánimo empleado por el equipo.

Eso evita una lectura fácil del tipo «tener sed arruina la concentración». El estudio solo indica que, en este protocolo y con esta muestra, la sed durante el ejercicio con calor empeoró cómo se sentían los participantes, no que redujera de manera demostrada su función ejecutiva. El resumen tampoco permite convertir esos hallazgos en una regla sobre marcas, potencia o rendimiento deportivo real en cualquier deportista.

Botella y toalla sin marca sobre una pista para ilustrar la sed durante el ejercicio con calor
Imagen editorial generada con IA; es ilustrativa y no corresponde a los participantes ni al protocolo del ensayo.

Por qué el diseño es útil, pero no reproduce una salida a correr

La comparación entre beber agua y recibir líquido por vía intravenosa no pretende recomendar una vía frente a otra. La segunda solo sirve como herramienta de laboratorio para mantener el volumen de líquido sin el alivio oral que produce beber. Fuera de un estudio, una persona no entrena con una vía puesta. También participaron únicamente 12 hombres, todos en bicicleta estática y en una exposición concreta al calor. No sabemos si el patrón sería igual en mujeres, adolescentes, personas mayores, corredores, jugadores de equipo o en sesiones más largas.

Por ello, el hallazgo no sustituye una estrategia individualizada para entrenar cuando aprieta la temperatura. Quien prepara una carrera larga necesita pensar en la duración, el ritmo, la aclimatación, el acceso a líquido, el sudor y sus antecedentes de salud. La planificación global de una carrera de 10 kilómetros, por ejemplo, abarca mucho más que responder a una sensación aislada durante una sesión.

Qué puede llevarse una persona que entrena

El estudio sí deja una idea práctica razonable: no conviene despreciar el confort cuando se entrena con calor. Mantener una bebida accesible y hacer pausas acordes con la actividad puede hacer que la sesión se perciba como menos exigente, aunque ese efecto subjetivo no equivale por sí solo a mejorar una marca. La pauta concreta de cuánto y cuándo beber debe adaptarse a cada situación, especialmente si la actividad es prolongada o intensa.

También hay que evitar el extremo contrario. Beber cantidades excesivas por temor a la sed puede ser peligroso. Si aparecen confusión, desmayo, dolor de cabeza intenso, vómitos, falta de sudoración con mucho calor o empeoramiento rápido, no es momento de experimentar con una pauta de agua: conviene detener el ejercicio, buscar un lugar fresco y pedir atención sanitaria. La hidratación forma parte de un enfoque amplio de seguridad, junto con progresar poco a poco y respetar el descanso, como explicamos al hablar de prevención de lesiones durante el entrenamiento.

Preguntas frecuentes sobre la sed al entrenar con calor

¿Este ensayo demuestra que hay que beber antes de tener sed?

No. Muestra cambios en sensaciones subjetivas dentro de un protocolo de laboratorio muy específico. No compara planes de hidratación habituales ni establece una cantidad válida para todo el mundo.

¿Tener sed significa siempre deshidratación?

No necesariamente. En este ensayo, los indicadores de hidratación medidos no fueron distintos entre pruebas, aunque la sed sí lo fue. La sensación de sed y el estado de hidratación están relacionados, pero no son idénticos.

¿Mejorará mi rendimiento si reduzco la sed?

No se puede concluir eso aquí. Los participantes se sintieron peor con más sed, pero la prueba de función ejecutiva no cambió y el estudio no demuestra una mejora general del rendimiento competitivo.

Una señal para interpretar con calma

La sed durante el ejercicio con calor puede aumentar la incomodidad aunque dos personas presenten medidas de hidratación similares. Es un resultado útil para comprender la experiencia de entrenar en verano, no un atajo para rendir más. La buena decisión sigue siendo ajustar el plan al entorno y a la respuesta individual, sin ignorar los síntomas de alarma ni convertir un ensayo pequeño en una norma médica.

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