Un estudio de 150 deportistas revela la distancia entre dieta real y recomendaciones

Dieta real de los deportistas: comidas preparadas tras entrenar
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La dieta real de los deportistas no siempre se parece a la que describen las recomendaciones de nutrición deportiva. Un estudio publicado en octubre de 2026 analizó los registros de comida de 150 atletas eslovenos y encontró una brecha llamativa entre la ingesta declarada y los rangos de referencia que utilizaron sus autores, sobre todo en energía y carbohidratos. La lectura útil no es que todos los deportistas deban copiar una cifra, sino que comer “más o menos sano” no garantiza que una planificación cubra las necesidades de cada disciplina, carga de entrenamiento y etapa de la temporada.

La investigación, publicada en Clinical Nutrition ESPEN, reunió datos clínicos y nutricionales de 77 mujeres y 73 hombres de entre 14 y 34 años. Cada participante completó un diario pesado de alimentos de tres días y cuestionarios sobre sus estrategias antes, durante y después de entrenar. Es una fotografía de un grupo concreto, no un diagnóstico de los deportistas españoles ni una receta para calcular lo que debe comer una persona.

Qué encontró el estudio sobre la dieta real de los deportistas

El resultado más claro fue la energía total. La mediana registrada fue de 36,8 kcal por kilo de peso corporal, mientras que el trabajo comparó esa cifra con un intervalo de 50 a 70 kcal/kg. Solo el 15,3% de la muestra alcanzó la necesidad energética que estimaron los investigadores. Ese dato no demuestra por sí solo que cada participante tuviera baja disponibilidad energética, pero sí justifica revisar la distancia entre lo que se planifica y lo que acaba entrando en el plato.

Con los carbohidratos ocurrió algo parecido. La ingesta mediana fue de 4,2 g/kg frente al rango de 6 a 12 g/kg empleado en el artículo, y únicamente el 27,3% llegó al límite inferior. Para alguien que entrena, este dato no equivale a “hay que comer más carbohidratos” sin más: el volumen, la intensidad, el objetivo y la tolerancia digestiva cambian mucho la estrategia. Lo que sí deja claro es que el combustible disponible merece una conversación individualizada, especialmente en deportes con sesiones frecuentes o competiciones largas.

El estudio también observó una adherencia mejorable a las estrategias de comida preentrenamiento, durante el ejercicio y en la recuperación. No mide si una pauta concreta mejoró una marca deportiva, pero recuerda que el horario y la composición importan además de la suma del día. Nuestro artículo sobre el orden de los alimentos en futbolistas explica precisamente por qué una respuesta aguda de glucosa no basta para dictar una norma universal.

La proteína no fue el único punto a vigilar

La proteína mediana fue de 1,6 g/kg, dentro del rango de 1,5 a 2 g/kg utilizado por los autores. Aun así, el promedio no cuenta toda la historia: el 40,7% de la muestra quedó por debajo de ese límite inferior. Es una buena advertencia contra las conclusiones rápidas basadas en la media. Un equipo o una consulta puede tener una cifra agregada razonable y, a la vez, incluir deportistas cuya pauta está lejos de lo previsto.

En las grasas, el 72% se situó por debajo del rango de referencia usado en el estudio. Además, los autores señalaron déficits de micronutrientes, particularmente de calcio y hierro entre las mujeres. No conviene convertir esos hallazgos en una lista de suplementos: el diseño no prueba que añadir un producto resuelva el problema ni permite conocer la situación clínica de cada participante. Tampoco sustituye una valoración profesional, sobre todo si hay fatiga persistente, cambios de rendimiento, menstruaciones irregulares, lesiones repetidas o restricciones alimentarias.

La proteína sigue siendo relevante, pero no compensa por sí sola una planificación corta de energía o de otros nutrientes. Para ampliar la diferencia entre fuente proteica y resultado de entrenamiento, puede consultarse el ensayo sobre yogur proteico o proteína de suero en mayores que entrenan fuerza. Era otra población y otra pregunta, así que no sirve para trasladar sus resultados a los atletas de este nuevo trabajo.

Qué se puede extraer sin exagerar el resultado

Esta investigación es retrospectiva, se limita a 150 atletas de Eslovenia y utiliza tres días de registro alimentario. Los diarios pueden no reflejar por completo semanas de carga, viajes, días de descanso o cambios voluntarios en la ingesta. Tampoco permite afirmar que las diferencias observadas causaran peor rendimiento, lesión o una condición médica. Es una señal para estudiar y ajustar, no una prueba de que todo deportista que no alcance un rango tenga un problema.

La parte práctica es bastante sencilla: antes de modificar una dieta por un titular, conviene mirar el contexto. Una persona que prepara una carrera, compite varios días, entrena fuerza por salud o está en etapa de crecimiento no tiene las mismas necesidades. Registrar durante unos días qué se come y cómo se distribuyen las sesiones puede aportar información, pero interpretar esos datos requiere experiencia y, si hay síntomas o objetivos exigentes, apoyo de un dietista-nutricionista deportivo.

También conviene separar un rango de referencia de un objetivo personal. Los intervalos citados en la investigación sirven para comparar el registro de aquella muestra, pero no sustituyen el cálculo de disponibilidad energética, la historia clínica, el calendario competitivo ni la respuesta de cada deportista. A veces la pregunta relevante no es solo cuántos gramos se consumen, sino si las comidas encajan con la carga de ese día, si hay suficiente recuperación y si la pauta es sostenible. Son cuestiones que este estudio invita a revisar, aunque no las responda de forma individual.

La fuente primaria permite revisar el método y las cifras completas en la ficha de PubMed del estudio de Peklaj y colaboradores. Su conclusión es prudente: hay distancia entre las recomendaciones y las prácticas observadas, y hacen falta intervenciones educativas adaptadas. Esa es también la conclusión razonable para el lector: usar los datos para hacer mejores preguntas sobre la propia planificación, no para imponer una cifra a todo el mundo.

Nota de salud: este contenido informa sobre un estudio y no sustituye la valoración individual de un dietista-nutricionista o de otro profesional sanitario. Las necesidades de energía y nutrientes cambian según la persona, el deporte, la edad, el estado de salud y la carga de entrenamiento.

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